Atapuerca:
una vuelta por los orígenes
Este año, y durante el segundo trimestre, los alumnos de 4°
ESO Y los de 1 ° Y 2° curso de Bachillerato de Ciencias tuvimos
la gran oportunidad de conocer los yacimientos de Atapuerca. Al viaje,
organizado por los Departamentos de Ciencias de la Naturaleza y Ciencias
Sociales, fuimos acompañados por los profesores Matilde Villafañe,
Isabel Martínez y José María Gil, quienes de antemano
habían planeado los objetivos del día.
Salimos
a las 9 de la mañana de León (con retraso, para empezar)
y tres horas después, al filo de las doce, llegamos al yacimiento
de Atapuerca, donde nos aguardaba el arqueólogo Manuel Luque,
quien nos dio una lección de pasión por su trabajo y nos
mostró las excavaciones donde, bajo la dirección de biólogos
y arqueólogos -entre otros José Luis Arsuaga y
José Mª Bermúdez de Castro-, se habían
encontrado los restos de nuestros más remotos antepasados. Aquí
comenzó nuestra aventura hacia los orígenes, en el interior
de tres "salas" denominadas la Sima de los Huesos,
la Galería-Covacha y la Gran Dolina, cada una con
materiales diferentes que, traducidos por los científicos, nos
ayudan a conocer mejor nuestro pasado.
En realidad, todo habría comenzado hace cinco millones de años,
cuando el río Arlanzón talló el actual valle y
el nivel del agua subterránea descendió. Las cuevas más
altas empezaron a quedar en terreno seco y a salvo, a medida que el
valle se hacía más profundo por la erosión del
río. En estas cuevas domina la roca caliza, compuesta por carbonato
cálcico, se trata de rocas sedimentarias formadas en el fondo
de los mares y los lagos por cuyas fracturas y hendiduras las aguas
se infiltran disolviéndolas y dando lugar a las formas y oquedades
que originan las cuevas.
En ocasiones,
según nos explicaba Manuel Luque, una sima puede convertirse
en una trampa natural para animales descuidados. También podrían
ser usadas por los humanos como refugio temporal. A estos campamentos
los humanos traerían sus piezas como cualquier otro depredador
a fin de conservarlas. Asimismo, las cuevas se habrían usado
como refugio para fabricar o guardar herramientas
El ambiente de las cuevas es un factor también importante para
explicarnos su importancia en la vida prehistórica: los sedimentos
arcillosos sellan herméticamente los materiales que engloban.
Consecuentemente, el efecto cámara hace que dentro de las galerías
los cambios de temperatura sean menos bruscos y la humedad, constante,
lo que ha ayudado también a preservar la estructura de los fósiles
y a informar de datos y hechos relevantes de aquella época prehistórica,
por imposible que parezca.
Así, la Gran Dolina nos informa de la temprana aparición
de útiles y actividades predeterminadas entre las hordas más
primitivas. Son nuestros más remotos antepasados conocidos, que
datan quizá de hace un millón y medio de años,
cuando grupos del llamado Homo Ergaster abandonan su hogar, África,
y se dispersan por el Próximo Oriente, llegan a Europa y se instalan
en Atapuerca. La cueva, a través de la "lectura" de
indicios y restos, delata que entre los primeros pobladores de Europa
ya existían prácticas antropofágicas, quizás
para sobrevivir o quizás como parte de los primeros rituales
sagrados del hombre.
La Galería-Covacha nos ayudó a entender la coexistencia
entre los humanos y los grandes predadores, así como las estrategias
de unos y otros para la consecución del alimento.
En cuanto a la Sima de los Huesos, proporciona las primeras evidencias
de un culto a la muerte entre los homínidos. También allí
la representación del Homo Antecessor, del Pleistoceno
Medio, nos permitió conocer datos importantes, como son su variabilidad,
su esperanza de vida, sus enfermedades y múltiples características
de su biología.
Descendiente del Homo Ergaster, el Homo Antecessor tiene
un origen africano y posteriormente, estos grupos suben a Europa donde
viven durante cientos de miles de años, evolucionando en nuestro
continente hacia los famosos Neanderthales. Es, pues, antepasado
suyo. Este Homo Antecessor era alto, fuerte y de pequeño
cerebro. Pero su cara ya era muy similar a la nuestra.
Por su parte, el Homo Heidelbergensis es una especie de homínido
que vivió en Europa hace algo mas de 500.000 y 200.000 años,
intermedia entre Homo Antecesor y Homo Neanderthalensis.
Tras la visita a estas excavaciones, el guía nos condujo al Aula-Taller,
donde nos explicó el procedimiento para hacer fuego de los hombres
que allí vivieron, mediante el rozamiento de palos o piedras
o con el choque de una piedra y un metal. Asimismo, pudimos comprobar
la evolución en la construcción de sus armas (flechas
con lanzador que no sabríamos utilizar hoy ninguno de nosotros,
pero que entonces permitían sobrevivir a aquellos hombres).
Nos llamó especialmente la atención la explicación
sobre cómo habrían aparecido las primeras caries en el
hombre precisamente cuando empezaron a preparar más los alimentos.
Eso nos recordó que ya estábamos cerca de la hora de comer
y había que partir hacia Burgos, segundo objetivo de nuestro
viaje. Nos despedimos del paraje y de Atapuerca, el pequeño municipio
que da nombre al yacimiento, en la vertiente Norte de la sierra burgalesa.
A eso de las cinco de la tarde, tras la comida y un paseo por la ciudad,
entramos en la Catedral, donde la profesora Isabel Martínez nos
hizo notar los diferentes modelos de construcción que conviven
dentro de este templo gótico. Pudimos hacernos así una
idea de las dificultades y las demoras de este tipo de construcciones,
que iban transformando su estilo a medida que se iban encontrando soluciones
diferentes para problemas arquitectónicos, artísticos,
etc.
Y se acabó. Regreso a León, que fue como decir a la civilización,
tras una jornada donde pudimos revivir casi sin solución de continuidad
la Prehistoria y la Edad Media. La vida del hombre, desde luego, está
más allá de los libros de texto. Excursiones como ésta
bien valen por una clase teórica sobre el mismo asunto. ¿Se
volverá el próximo año a repetir la excursión?
Ojalá tengáis esa oportunidad quienes iniciéis
el Bachillerato de Ciencias. Merece la pena.
Elda Diez 1º Bachillerato Ciencias