La
colocación de una anilla en la pata de un ave marca el inicio
del anillamiento, un método científico que nos permite
desvelar numerosas incógnitas sobre la biología de la
avifauna silvestre, en especial de los movimientos migratorios que realizan
la mayor parte de las especies.
Esta
anilla generalmente es metálica, para su lectura en mano, o de
plástico con diferentes colores y combinaciones de números,
letras o barras, aptas para ser "leídas" con prismáticos
o telescopios.
En
el primer caso (el que nos ocupa) la anilla lleva una letra o un número
que indica su modelo y tamaño, una numeración que individualiza
al ave y un remite correspondiente al Centro de Anillamiento de cada
país emisor, órgano encargado de coordinar la actividad
del anillamiento en su territorio, publicar balances de las aves anilladas,
controladas o recuperadas, expedir permisos de anillamiento, etc.
En
España la mayor parte de esta labor la realizan conjuntamente
el Centro de Migración de Aves de la Sociedad Española
de Ornitología, junto con la Oficina de Anillamiento de la Dirección
General de Conservación de la Naturaleza.