REFRANERO CASTELLANO Y LITERATURA

 

INTRODUCCIÓN

Los refranes, esos enunciados breves, condensados y sentenciosos, y de sabiduría petrificada, son tan añejos como la palabra; tan numerosos que disponemos de un refrán para casi cualquier situación de la vida. Tan pronto nos dan la razón como nos la quitan (“Decir refranes es decir verdades/ Refranes, herencia de gañanes”), y es que cada refrán suele tener otro que sostiene exactamente lo contrario (“El trabajo mata al asno, pero no al amo/ El trabajo no mata a nadie/ El que no llora, no mama/ Oveja que bala, bocado que pierde”). Certeros, precisos, vagos, enigmáticos, lapidarios... ¿Son verdades universales o evidencias particulares elevadas a máxima?

El refrán es filosofía de urgencia, expresada en una frase elíptica, sentenciosa, normalmente con la forma de las cláusulas rimadas, que permite recordarlas con gusto. Su aceptabilidad se basa en que se presumen hijos de la experiencia. El refrán se engendra de la experiencia, que es la “madre de las ciencias”; el autor anónimo plasmaría su experiencia e ingenio, sus costumbres y supersticiones en el refrán; pero existen otras fuentes: las fábulas y apólogos, los romances y coplas populares, la historia, la superstición, y el espíritu de raza, país, pueblo (“Valderas, pon la copa donde la veas, que vendrán los de Villamañan y te la quitarán”) además de los autores clásicos grecolatinos, la Biblia es otra fuente fundamental, por eso tienen los refranes un aire evangélico (“Refranes antiguos, evangelios chicos”), aunque hay muchos que predican una moral de situación, verdadera caricatura de los preceptos cristianos (“Retén y no des; porque si das, día llegará que pedírás”).

Hay que reconocer que para algunos los refranes son sólo manifestaciones del ingenio y la creatividad populares, cuando no del simple gracejo populachero o, en tono más despectivo, reliquias lingüísticas anquilosadas, propias de sociedades ancladas en el pasado (“Andrajos de pensamiento para embozo de haraganes”, sentenció Unamuno).

Sin embargo, para otros lo refranes no son sólo la quintaesencia de la personalidad cultural de los pueblos; son, además, elementos vivos vigentes, actuales y en evolución del lenguaje popular. Como demuestran la filosofía, la religión, el arte o la literatura, las preocupaciones, dudas y verdades íntimas del ser humano se han mantenido más o menos sin variaciones a lo largo de la historia, formando el entramado constante del hombre, su tejido más íntimo, en cuya urdimbre colaboran los refranes. Ya lo dijo Francis Bacon: “El genio, agudeza y espíritu de una nación los describen los refranes”.

Cierto que la gran mayoría de los refranes nacieron en un contexto cultural muy diferente del actual y, por tanto, reflejan una realidad social e ideológica absolutamente distinta; pero no por ello han perdido veracidad muchos de ellos, puesto que se refieren a componentes constantes del comportamiento humano. No hay que olvidar la enorme riqueza y versatilidad del refranero, que siempre ofrece varias opiniones contradictorias y complementarias sobre un mismo aspecto de la vida.

Se ha dicho que  el  pueblo poetiza  todo aquello que vive, que contempla, que conoce o que sueña. De ahí que –como señala acertadamente J.L.Puerto- toda  la vida  popular esté imantada  por la poesía: tanto el cielo como la  tierra, tanto el mundo de los animales como el del ser humano. Y hay un tipo de poemas que  el pueblo, de modo anónimo, crea, recrea y transmite oralmente, que desempeñan un papel importante tanto en la vida de los adultos como en la de los niños. Son poemas breves que caben en el pareado, en la copla, en la seguidilla...Suelen aparecer en momentos de la vida  comunitaria más marcados por la cotidianidad, ya sean éstos de ocio, de juego o de labor. Son poemas que podemos denominar como “géneros poéticos menores”; entre ellos se encuentran  los refranes, las retahílas o fórmulas rimadas, los dictados tópicos, las adivinanzas, los trabalenguas, etc.

El refrán es, de todas las tradiciones orales breves que se apoyan en lo poético, o al menos en lo rítmico, la más viva y presente en el campo social, aunque se halle en un cierto retroceso, dentro de un proceso social de cambio, ya consolidado, de las formas rurales de vida a las urbanas.

 

1.- CONCEPTO. ASPECTOS LITERARIOS Y LINGÜÍSTICOS

Delimitación conceptual: La palabra refrán es una voz que asimiló nuestro idioma de la francesa “refrain”, significando estribillo de donde derivó su acepción actual de proverbio por lo habitual que era que el estribillo, de muchas canciones estuviera formado por expresiones proverbiales.

De los vocablos refrán, proverbio, sentencia, fábula, adagio, moraleja, todos nos hemos servido en alguna ocasión y probablemente aplicándolos a contenidos distintos. En general, todos ellos pueden responder a un amplio y común sentido: el de propiciar una fórmula, un modelo de conducta lingüística que por parte del hablante le redima de la obligatoriedad de la creación léxica y por parte del oyente le sugiera un mensaje connotativo, que evoca en el receptor las imágenes de su propio mundo.

Ya Miguel de Cervantes puso en boca de don Quijote estas palabras: “los refranes son sentencias breves, sacadas de la experiencia y especulación de nuestros sabios; y el refrán que no viene a propósito, antes es disparate que sentencia.”(II,67). Apunta Cervantes dos características esenciales: sentencia breve y experiencia; además, nos da un consejo: hay que aplicar el refrán en el momento oportuno.

Para el Diccionario de la RAE el refrán es “un dicho agudo y sentencioso de uso común”. J. Casares lo define con mayor amplitud: “es una frase completa e independiente que, en sentido directo y alegórico, y por lo general en forma sentenciosa y elíptica, expresa un pensamiento a manera de juicio, en que se relacionan, por lo menos, dos ideas.”. Para Rodríguez Marín “es un dicho popular, sentencioso y breve, de verdad comprobada, generalmente simbólico y expuesto en forma poética, que contiene una regla de conducta, u otra cualquiera enseñanza.”.

Estas últimas definiciones permiten ya deducir algunas de las principales características  del refrán:

-Se trata de una frase cabal e independiente, casi siempre breve, transmitida generalmente por vía oral, y conocida , aceptada y utilizada por casi todos los individuos de un determinado ámbito geo-cultural.

§         Su autor es, por definición, anónimo, por lo que su origen es casi siempre desconocido.

§         Recoge y expresa una conclusión didáctica  tomada de una experiencia repetida y común a  muchos.

§         Está escrito, por lo común, en forma sentenciosa y elíptica, y muy a menudo en tono jocoso, expresando un pensamiento, un consejo, una admonición o un deseo.

§         Tiende a provocar una cierta extrañeza mediante su planteamiento, en su forma o en su sonoridad, para facilitar su comprensión y su memorización.

§         Por lo común, está formado por dos frases, a menudo simétricas, que suelen corresponderse recíprocamente, tanto en forma como en fondo. No obstante, con el paso del tiempo, muchos refranes han perdido  su segunda parte, por lo que se utilizan hoy en forma abreviada.

§         Se suele servir de numerosos recursos estilísticos (metro, rima, ritmo, figuras retóricas...)

Siempre se ha  cuestionado la diferencia entre refrán y otros términos semejantes. Sbarbi precisa de forma sentenciosa:”El dicho, o es vulgar o no; si lo primero, toma el nombre de refrán; si lo segundo, el de  adagio o proverbio...El refrán es, por lo general, festivo; el adagio, doctrinal; el proverbio, histórico”.

J.L.Puerto distingue  rasgos tanto de contenido como de expresión. Entre los primeros advertimos cómo el refrán  codifica el saber y la conducta de una comunidad, cifra la sabiduría popular, proclama verdades pretendidamente eternas, de ahí su tendencia a la generalización; tiene una doble función: sapiencial y moralizadora, por una parte y, por otra lúdica, relativizadora y crítica, y es polisémico. Entre los rasgos expresivos ya hemos señalado la estructura bimembre, el uso de la rima, la aliteración, la entonación propia y autónoma, la sintaxis fija...Rasgos sintácticos llamativos son la ausencia de antecedente o artículo ( boda sin borracho, téngolo por milagro ), el orden anormal con anteposición de complementos del verbo (El jueves por la Ascensión, cerezas en Oviedo y trigo en León), falta de nexos  o relacionantes (Dame dineros; no me des consejos) , uso del artículo generalizador (La lengua es ciega y el pensamiento la lleva), predicado verbal formulado en presente, con efecto de perennidad (La moza parlera nunca acaba la tarea), uso de la personificación  ( Poderoso caballero es don dinero).

El problema lingüístico.- La lengua de los refranes y con ella su sintaxis dista mucho de adaptarse a lo que conocemos como “léxico estándar” y “estructuras sintácticas comunes” del español actual. Por ello seguramente nos equivocaríamos si creyésemos que las peculiaridades propias del Refranero son debidas a los períodos de fijación de las sentencias (por lo tanto arcaísmos) o su lugar de procedencia ( y, por lo tanto, dialectalismo). En la mayoría de las ocasiones los pretendidos arcaísmos que suenan como tales al hombre actual, sonaban igualmente extraños al hombre de la época de fijación del refrán; es decir, este pretendido resto fosilizado en el interior de un refrán o una sentencia no es tal sino un elemento extraño, un artificio lingüístico alienador.

El artificio, la nota léxica original, ajena a la lengua, tendrá por misión la de extrañar el mensaje y acuñarlo en la memoria. Otra posible razón de estas creaciones léxicas extrañas a la lengua de fijación del refrán es en buena medida la de facilitar la rima cuando ésta es necesaria para el refrán. En efecto, la inmensa mayoría de los refranes pertenecen por su construcción métrica y por su entonación, así como por su peculiar rima interna, a unos esquemas-tipo prefijados. Unas cuantas fórmulas cobijan la casi totalidad de los refranes: expresiones como quien... /... con estructuración isosilábica ( Quien mal anda / mal acaba ) bimembre, esquemas como el a buen... / mal... , y otros del tipo donde... / ... también de estructura bimembre, responden en su mayoría a fórmulas rimadas y exigen, por lo tanto, que su léxico se adapte a estas necesidades. Cuando esto no se logra siguiendo la estructura “normal” del léxico, se recurre a la invención, a la creación ( La viña que no se planta despacio / antes de un año dará agrazo ).

Pero no termina ahí la innovación del refrán. En igual medida que en el campo léxico, en el sintáctico el refrán rompe la norma, desborda e incumple las realizaciones sintácticas propias de la lengua estándar e invade el campo de la creación intencionada; pero una vez creada la fórmula nueva, pasa a fosilizarse y se repite una y otra vez estereotipada.

Características formales.- El refrán- asegura Torrente Ballester-es un objeto estético que puede ser estudiado como tal, prescindiendo de sus contenidos morales o de sus consejos prácticos. Como tal objeto estético nunca pasará de moda… su forma, sus métodos de síntesis verbal, su uso, a veces violento, de las palabras será tema de curiosidad y estudio.

“La riqueza de formas de los refranes es maravillosa – afirma Julio Cejador – en lo ingenioso y profundo, en lo socarrón y lo grave, en lo sentido y sentencioso, en lo chistoso y severo, en lo cortado y dramático. Cuanto a la métrica, tiene parte de paralelismo, la aliteración, la acentuación, el número de sílabas y la rima. La rima la busca el pueblo en los refranes ; pero el metro nace como exigido por la expresión misma espontáneamente”.

El refrán, generalmente, es breve y conciso, característica fundamental para retenerlo en la memoria ( A  pan duro , diente agudo ; Amor de niño, agua en cestillo ). El pueblo quiere sintetizarlo todo ; es deliciosa la manifestación de su pensamiento, refundido en sólo dos voces enérgicas cargadas de significación : Ocasión , tentación ; Mundo, inmundo ;  Sociedad, suciedad ; Servil , ser vil ...

Es la brevedad inherente a esa reflexión en que el refrán sintetiza una doctrina o una norma práctica para la vida la que garantiza su adaptación en el tiempo pese a notorias contradicciones en sus testimonios ("Al que madruga, Dios le ayud. No por mucho madrugar... “) o a lo obsoleto y machista de su pensamiento ("La mujer y la sartén en la cocina están bien. El hombre se casa cuando quiere y la mujer cuando puede").

Otra nota característica son las asonancias, documento de identidad de los refranes; el pueblo prefiere frecuentemente lograr las asonancias a cumplir los preceptos gramaticales (Ninguna cosa hay tan dura que el tiempo no la madura); también altera y barbariza otras palabras (El tiempo cura al doliente,  que no el ungüente).

Varios son los recursos que utiliza el refrán para “extrañar” el mensaje y acuñarlo en la memoria: el metro, la rima, la distribución acentual ; pero no siempre se dan a la vez, a veces falta alguno, generalmente el metro, ya que en los refranes se atiende más a la rima ( De borracho a loco / va muy poco.  El sueño y la muerte / hermanos parecen ).

La variedad de combinaciones métricas y rítmicas es asombrosa. De tres sílabas (Vecina, bocina), de cuatro (El bien anda, el mal corre), de cinco (A cuentas viejas, barajas nuevas ), de seis ( El buen cirujano, cortar por lo sano ), de siete ( El arado, rabudo / el arador, barbudo), de ocho ( De cuarenta para arriba / no te mojes la barriga ).

El refranero es una fuente inagotable de figuras retóricas , recursos que cooperan a su fijación memorística : anáforas ( Juegos de manos , juegos de villanos ), reduplicaciones (El castellano fino, el pan pan y el vino vino), aliteraciones ( Curso, casamiento y caída quitan al viejo la vida ), juegos de palabras (  Blas, si por malvas vienes, mal vas ), paronomasias (Bachiller, bala, chilla y sabe lee ), metáforas (  Del árbol caído todo el mundo hace leña ),etc.

Por otra parte, el ritmo se ofrece como garante de su independencia tonal y de su invertebración interna. La marcadísima estructura rítmica de los refranes casi nunca falla, aunque es muy variada: va desde el pareado perfecto hasta sartas organizadas por recurrencias más o menos regulares. La distribución acentual es factor constructivo deliberado, al servicio de la fijación memorística de los refranes. Ya hemos visto que una característica rítmica muy constante en el refrán es su disposición bimembre, con  sus cláusulas rimadas. No es preciso el isosilabismo de los miembros, pero sí el relieve  de la pausa intermedia, como llamada de atención para la rima. La rima, recordamos, está al servicio de la consolidación  y autonomía del  refrán, en cuanto mensaje literal,  y revela hasta qué punto son secundarios los efectos  eufónicos secularmente atribuidos a la lengua literaria-apunta Lázaro Carreter-; se cae así, demasiado frecuentemente, en el ripio.

 

2.- PERSPECTIVA HISTÓRICA

El acervo proverbial español es enorme. Los  refranes, transmitidos oralmente de generación en generación, creación típica  de la lengua hablada, como los cuentos, cantares o romances, pasaron pronto al papel. Ya en el siglo XIV podemos situar la “prehistoria” de los refranes en castellano, pues nos encontramos con las primeras citas literarias de refranes: el Arcipreste de Hita   los intercala de continuo en  su obra, denominándolos de diferente manera: fabla, fablilla, proverbio, fazaña, retraire...Don Juan Manuel siembra asimismo  sus escritos de algunos refranes, aunque se sirve en mayor medida de los proverbios o  fabulillas a modo de consejos didácticos, no necesariamente de naturaleza popular.

En el siglo XV  aparece la primera colección de refranes: se trata de la obra del Marqués de Santillana “Refranes que dicen  las viejas tras el fuego...”, recopilación ordenada alfabéticamente. Pero será en el siglo XVI, sobre todo a partir de la aparición de los “Apotegma” de Erasmo, cuando  aparece la corriente recolectora y clasificadora. Juan de Valdés en su “Diálogo de la lengua” reproduce buen número de ellos, aunque sin intención de catalogarlos. Para encontrar esta intencionalidad  debemos señalar a Juan Rufo y sus “Seiscientos  apotegmas”, refranes  glosados. Hernán Núñez de Toledo, el Comendador Griego, escribió una recopilación titulada “Refranes o proverbios en romance” (Salamanca, 1555) que gozó de la mayor celebridad. El toledano Sebastián de Horozco dejó una colección inédita de refranes glosados en verso, “Teatro universal de proverbios”, publicada por la R.A.E. en 1915. De esta manera tan curiosa define el refrán:

 

Refrán es una sentencia

Y no dicha de cualquiera

Mas de persona de sciencia

Sacada de la esperencia

Por muy cierta y verdadera.

Los refranes al grosero

Le hacen sabio y artero

Y aunque pareçen consejas

No hay refrán aunque de biejas

Que no sea verdadero.

 

El sevillano Juan de  Mal-Lara, discípulo de Horozco,  publicó en 1568 “Philosophia vulgar”, colección de refranes glosados. Otro estudioso y coleccionista, Melchor de Santa Cruz, publicó en 1574 su “Floresta española de apotegmas...”. Curiosa es la obra del doctor Juan Sorapán “Medicina española contenida en proverbios vulgares de nuestra lengua”(1616).

También en la mayoría de nuestros clásicos  F. de Rojas (“La Celestina”), Delicado (La Lozana Andaluza”), López de Úbeda (“La Pícara Justina”), “El Lazarillo de Tormes”, desde Cervantes a Lope, desde Quevedo a Gracián o Calderón, podemos espigar refranes, frases proverbiales o expresiones de carácter popular, aunque en ninguno de ellos – ni siquiera en Cervantes - podemos encontrar intencionalidad clasificatoria ni recopilatoria: simplemente se sirven del refrán porque éste refleja la lengua del pueblo.

El refranero de Sancho.- Los refranes se encuentra diseminados en el Quijote. Cervantes hizo a don Quijote y, especialmente, a Sancho Panza voceros de tan peculiar recurso, y él mismo no pudo resistirse al encantamiento de su uso. No sólo el autor, sino la mayoría de los personajes tienen a gala estar al corriente de lo que los refranes proponen y significan: la sobrina de don Quijote, su ama de llaves, Teresa Panza, el cura y el barbero, Sansón Carrasco, Maritornes, Gardenio, Ginés de Pasamonte, la hermosa Dorotea... nadie  está libre del influjo de los refranes, ya sea para afirmar una cosa o para desmentirla, o para iluminar el universo con una chispa y apagarlo después con un chaparrón de ocurrencias y socarronería.

Sancho utiliza muchos refranes y frases hechas; es un fenómeno normal en el lenguaje coloquial y vulgar. Por otra parte, reflejan la filosofía popular y el pragmatismo de este personaje. Contrasta, además, con la lengua más refinada de don Quijote. Sancho reivindica constantemente su derecho a usarlos. “¿A que diablos se pudre de que yo me valga de mi hacienda, que ninguna otra tengo, ni otro caudal alguno, sino refranes y más refranes?

Suelta su primer refrán así: “Como dicen, váyase el muerto a la sepultura y el vivo a la hogaza”. Será en el cap. 25 de la I parte donde se produce la primera acumulación de una réplica: “Allá se lo hayan, con su pan se lo coman... De mis villas vengo, no sé nada, no soy amigo de saber vidas ajenas, que el compra y miente en su bolsa lo siente. Cuanto más que desnudo nací, desnudo me hallo: ni pierdo ni gano más que lo que fuesen, ¿qué me va a mí? Y muchos piensan que hay tocinos y no hay estacas. Mas ¿quién puede poner puertas al campo?”.

Cervantes se adueña definitivamente del recurso del chaparrón refraneril y como estímulo cómico, cuando lo ha hecho pasar por boca de Teresa Panza. En el coloquio de Sancho con su mujer del capítulo 5 de la II parte, Teresa suelta refranes en cascada: “Eso no,  marido mío... viva la gallina, aunque sea con su pepita: vivid vos, y llévese el diablo cuantos gobiernos hay en el mundo... La mejor salsa del mundo es el hambre; advertid el refrán que dice: al hijo de tu vecino, límpiale las narices y métele en tu casa... mi hija ni yo por el siglo de mi madre que no nos hemos de mudar un paso de nuestra aldea: la mujer honrada, la pierna quebrada y en casa; y la doncella honesta, el hacer algo es su fiesta”.

Más adelante, don Quijote pregunta al escudero qué piensa su mujer de la nueva salida; y él contesta: "Teresa dice... que ate bien mi dedo con vuestra merced, y que hablen cartas y callen barbas, porque quien destaja no baraja, pues más vale un toma que dos te daré. Y yo digo que el consejo de la mujer es poco, y el que no lo toma es loco" (II, 7). Esta réplica representa el trasvase definitivo de la catarata refraneril de Teresa a Sancho; ella ha dicho una sarta de refranes; él dice-"y yo digo"-otros refranes: el anudamiento se ha producido, y el escudero es ya dueño del artificio. Don Quijote afirma: "Y advertid, hijo, que vale más buena queja que mala paga. Hablo de esta manera, Sancho, por daros a entender que también como vos sé yo arrojar refranes como llovidos" (II, 17).

Esta propiedad del lenguaje de Sancho se hará ya consustancial con su persona: “No tengo otro caudal alguno, sino refranes y más refranes", declara más adelante. "No sé decir razón sin refrán, ni refrán que no me parezca razón". Y así ha pasado Panza a la historia de nuestra lengua artística: como portavoz de un "costal de refranes en el cuerpo".

Tan importantes son los refranes en el Quijote que si el primero que se cita tiene que ver con la muerte ("Váyase el muerto a la sepultura y el vivo a la hogaza"), el último, en boca de un Quijote ya agónico, tiene también una despedida triste por argumento: "Ya en los nidos de antaño no hay pájaros hogaño", dicho que remata con esta proverbial clarividencia: "Yo fui loco, y ya soy cuerdo"

Mención aparte merece la valiosísima colección del salmantino  Maestro Gonzalo de Correas: “Vocabulario de refranes y frases proverbiales” (1627), publicada por la R.A.E. en 1906. Este vocabulario fue la  base  de los  futuros inventarios de refranes en castellano. También del siglo XVII es el delicioso “Tesoro de la Lengua Castellana”(1611) de Sebastián de Covarrubias, que intercala , en bastantes de sus voces, refranes.

De Gonzalo de Correas sacamos una pequeña ristra de refranes estudiantiles:

El discípulo que no duda, no sabrá jamás cosa ninguna.

El que desea aprender, muy cerca está de saber.

El que quiera saber, que vaya a Salamanca.

Quien quiera saber, a Salamanca a aprender.

Quot  natura non dat, Salmantica non prestat.

Salamanca no hace milagros; el que va jumento, no vuelva sabio.

En Salamanca estuviste, de Salamanca volviste y tan asno estás como fuiste.

Estudiante memorista, loro a simple vista.

Libro cerrado, no saca letrado.

Para saber, no basta leer: hay que andar y ver.

Nadie es tan ignorante que no sepa algo, ni tan sabio que lo sepa todo.

Necio letrado, necio doblado.

Quien de su saber más se paga, más pronto la caga.

Quien más sabe, menos presume.

Bachiller en Medicina, confunde el vino con la orina.

Bachiller en malas artes, sabe andar solo por todas partes.

Bachiller, bala, chilla y sabe leer.

 

Frente al ilustrado siglo XVIII, que  recomienda desechar los refranes, desde el desprecio por lo popular, el siglo XIX, con su tendencia romántica, pone los ojos en el habla popular y la tradición refranesca. Aparecen nuevas aportaciones y nuevos estudios de figuras como Fernán Caballero, A.Machado y Álvarez, José Mª Sbarbi (“El libro de los refranes”, “ Refranero general español...”, publicado en diez volúmenes en 1874-78), o F.Rodríguez Marín, que inventarió en cuatro volúmenes “Más de 50.000 refranes no contenidos en la colección del Maestro Correas” (1926). Respaldado por Rodríguez Marín, en 1953 publicó Martínez Kleiser el “Refranero general ideológico español”, ingente tarea de ordenación y clasificación del material paremiológico existente.

Numerosas colecciones contemporáneas aparecieron en el siglo XX además de las anteriormente citadas: el “Refranero castellano” (1927-1929) de Julio Cejador ; el “Refranero sobre la medicina y la alimentación” de Castillo de Lucas; el “Refranero sobre la mujer” (1953) de Jara Ortega; el “Refranero agrícola” de Hoyos Sancho; el “Refranero filosófico” (1962) del leonés León Murciego, el “Refranero sociológico” (1971) de Combet ; o , en fin, el “Refranero español” de M.J. Canellada . Se han editado también recopilaciones por áreas geográficas o por comarcas y regiones ; así, “Dichos populares castellanos” , “Los refranes en la sabiduría popular” de Díez Barrio ; el “Refranero temático castellano” de Juliana Panizo.

Menos numerosos son los estudios realizados acerca del refranero, más atentos a su presencia en obras de la literatura española. Así, de los refranes en el Quijote se han ocupado Américo Castro y Amado Alonso; de los existentes en las creaciones de Lope de Vega, Caravaggio y Hayes; de los de La Celestina Gella Iturriaga, Shipley ; Francisco Ynduráin se ocupa de los refranes y frases hechas en la estimativa literaria del siglo XVII. A esto habrían de añadirse las experiencias sobre el uso aplicado del refranero o los estudios comparativos entre proverbios de  varios idiomas. En este apartado, a caso el trabajo de carácter más general sea el de Louis Combet, “Recherches sur le Refranero castillan” (1971), sin olvidar que C.J. Cela reservó espacio para este asunto de los refranes en su libro “Los vasos comunicantes” (1981). El mismo Cela, M. Delibes, J. Sanchís Sinisterra o J. Tomeo y otros escritores actuales engarzan el refranero en su escritura.

 

3.- ASPECTOS  SOCIOLÓGICOS Y DIDÁCTICOS

Verdad y mentira del refrán.-

A pesar de que el mismo Refranero sale al paso de cualquier acusación de falsedad con sus sentencias(No hay refrán que no sea verdadero. Tantos refranes, tantas verdades), nos encontramos muchas veces ante el  dilema de creer  que  realmente sus consejos y sentencias son “Evangelios  chicos”, o  bien poner en tela de juicio  sus verdades, al parecer, irrefutables. Cuando nos sumergimos en el mundo de los refranes, tan variado y numeroso, debemos aguzar nuestro sentido crítico, ya que  es desde luego imposible que todos, muchos contradictorios y otros en franca oposición con las leyes de la lógica, encierren el mismo grado de verdad.

Los refranes agrícolas merecen  mayor disculpa o  justificación en sus contradicciones, por lo heterogéneo de los pueblos, paisajes, climas y tradiciones peninsulares. Pero en los refranes  con intencionalidad claramente moralizadora, las contradicciones no se justifican por razones  geográficas, sino por responder a criterios propios de la persona o grupo social propagador del refrán. Sería interesante que la moderna Pragmática  se ocupara del uso, contextualización e intención de la paremia, y de las condiciones de su enunciación..

La veracidad de otros muchos refranes  viene condicionada  en gran medida  por el momento histórico de su nacimiento o fijación. Las mayores discrepancias podemos encontrarlas a la luz del progreso científico y tecnológico contemporáneos. Por ejemplo: Aventar sin viento y parir antes de tiempo no puede ser. Los adelantos de la  tecnología agrícola y de la medicina  ginecológica lo han desmentido.

Sin embargo, en opinión de Díez  Barrio, ni los refranes supersticiosos (En martes, ni te cases ni te embarques) ni los contradictorios (A quien madruga, Dios le ayuda / No por mucho madrugar amanece más temprano), ni los que critican  o ensalzan desmesuradamente las cualidades de los pueblos y sus habitantes  (Si vas  a Valderas pon la copa donde la veas...) son suficientes  para negar el valor  positivo de los  refranes.

Razón y pervivencia.

La razón del refrán hemos de buscarla en las causas que motivaron su nacimiento. Algunos refranes son realmente sólo informativos, fichas mnemotécnicas, órdenes o pautas de trabajo que representan el caudal de  conocimientos, de cultura, transmitido por tradición  oral. Sin embargo,  de esta primera motivación informativa puede, a través de una pérdida de  especificidad, pasar a significar conceptos de orden moral o espiritual  mediante la trasposición  metafórica de su  contenido semántico.

Pero la verdadera  justificación del refrán  es la de transmitir ideología. El refrán como forma de presión social y de coacción es norma impuesta por todos y para todos sin que su sospechosa ideología altamente conservadora nos informe de cuáles son sus inspiradores. Desde luego no fueron las mujeres, porque son las peor tratadas por el Refranero (aunque su inconsciente masoquismo las llevase a propagarlo). Hay un refrán para cada hombre y cada ocasión, y aunque su ideología represora extiende su influencia mayoritariamente entre las capas populares que se sirven de ellos con más asiduidad,  su código de conducta va dirigido a la generalidad de los hablantes de una lengua, que los reproducen y perpetúan.

En relación con la pervivencia, nos preguntamos sobre la  repercusión real de estos refranes en la lengua hablada actual, su uso y difusión en nuestra sociedad. El lector experimentado en sí mismo como hablante de su lengua habrá podido reconocer como propias algunas expresiones o unos cuantos refranes, de entre ellos posiblemente se sirva o se haya servido de un cierto número en sus conversaciones, y el resto, el numerosísimo resto de paremias, le son desconocidos.

Quizás no sean los refranes los que el hablante español emplea con mayor frecuencia en la actualidad, pero si dejamos aparte  la terminología diferenciadora y hablamos, con los modernos lingüistas, de lexías textuales, discursos repetidos o estructuras estereotipados, veremos que éstas continúan siendo moneda común en nuestra sociedad. Basta seguir atentamente  la prensa, sobre todo los artículos de opinión, la radio, y los mensajes publicitarios para comprobarlo. Se valen de frases hechas y de expresiones tipificadas los locutores, los personajes entrevistados, los artistas y los políticos.

Los refranes son valiosos por su expresividad, forman parte de la retórica práctica, la de las conversaciones comunes. Varias son las funciones de los refranes: son excelentes lubricantes de la conversación, tienen la ventaja de su capacidad de síntesis y, además, el depósito de los refranes viene a ser como una tradicional botica donde se guardan las recetas de la sabiduría popular, recetas para comprender la naturaleza y para estudiar el género humano. Proporcionan un gran sentimiento de solidaridad intergeneracional; al final lo que nos une con nuestros antepasados es un modo de ver el  mundo a través de la lengua, aunque  sea más bien negativo (parece que la dimensión moral del hombre se explica mejor por el lado de los pecados que de las virtudes).Por encima de todo, lo peculiar del  método de los refranes y las coplas es que explora el territorio de los deseos  cuando se propone trazar el carácter social. Por ahí  llegamos al esquema moral de los valores -puntualiza el sociólogo Amando de Miguel- no tanto en el sentido de los ideales como en el de las prescripciones para la vida  práctica.

Lo fundamental de los refranes no es su mera existencia como puede ser la de cualquier otra expresión literaria, lo que les da cuerpo y entidad es que los españoles actuales, al escucharlos en una conversación, los reconozcan como suyos. Los atractivos de los refranes son múltiples: está el gusto del español por lo conceptuoso o la seguridad que proporciona el tener recetas para muchas situaciones vitales. La función de darnos seguridad se percibe muy bien en el refranero meteorológico; como es natural en un país, que es casi un secarral, los refranes se concentran en predecir la lluvia o la nieve. Hay refranes con gracia, socarrones, que saben sacar punta de la incapacidad predictiva de los dichos tradicionales: "Cuando la luna sale cornialta y el sol se pone en papirucho, o llueve poco o llueve mucho o no llueve nada, o se queda el tiempo como estaba”.(Toro. Zamora)

Lo que no se puede hacer es despreciar el género refranesco como mínimo y vulgar; algo que ha ido decantándose con los siglos tiene que merecer algún interés. No es casualidad que la gran obra de la literatura castellana, el Quijote, haga una finísima  aplicación de los refranes. ”Paréceme, Sancho, que no hay refrán que no sea verdadero, porque todos son sentencias sacadas de la mesma experiencia, madre de las ciencias todas, especialmente aquel que dice: Donde una puerta se cierra, otra se abre” (Quijote, I, 21)

 

Carlos Álvarez Matilla

Depto. de Lengua Castellana y Literatura

León, 30 de mayo de 2007

 


 

APÉNDICE ______________________________________

 

Religiosidad popular en el refranero.

 

El Refranero suele ser más mordaz, menos piadoso con los personas que con las instituciones.

Curas frailes y monjas.

Con los curas a solas nunca te quedes, porque aunque llevan faldas no son mujeres (el histórico celibato hace que todo tipo de relación entre curas y mujeres esté empañado por la sospecha).

Nunca les falta que hacer al cura, diablo y mujer.

Abad de aldea, mucho canta y poco medra. Olla de cura, de veinte buenas cosas sepultura  (Refranes contradictorios; parecen resonar los ecos de las bodas de Camacho).

Gente de sotana, nunca pierde y siempre gana.

Caga el rey, caga el papa; sin cagar nadie se escapa (Una versión menos escatológica sería: "sufre el rey...." Resume aquí la forzosa igualdad de las Danzas de la Muerte medievales o las coplas de J. Manrique).

Cuando se muere un fraile, dicen los demás: un enemigo menos, una ración más.

Frailes y monjas, del dinero esponjas.

Mujeres.

La mujer estudió con el diablo y mil veces lo ha engañado.

Los enemigos del hombre son tres: demonio, suegra y mujer.

A quien Dios quiere bien, se le muere joven la mujer; y a quien quiere mal, le dura una eternidad.

 

Dios y los santos.

A quien Dios no le da hijos, el diablo le da sobrinos.

Hágase el milagro y hágalo Dios o el diablo.

Rogar al santo hasta pasar el tranco. Pasado el tranco, olvidado el santo.

San Dinero, el santo más milagrero.

Prácticas religiosas.

No creas sino lo que veas, y aun de lo que veas, la mitad no creas.

A mi prójimo quiero, pero a mí el primero.

Lo mío, mío y lo tuyo a medias.

La oración y la visita, sabrosa y cortita.

Más vale taco bien echado, que padrenuestro mal rezado.

Si en el sexto no hay perdón, y en el séptimo no hay rebaja, ya puede llenar Dios el cielo de paja.

Pocos ricos en el cielo habrá; la gloria ya la tuvieron acá.

Largos sermones más mueven los culos que los corazones.