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INDICE

  1. SALUD SEXUAL
  2. DIRECTORIO SOBRE SEXUALIDAD

2.1- LA SEXUALIDAD SE DESARROLLA Y CAMBIA CON LA EDAD

2.2 - MITOS Y ERRORES MÁS FRECUENTES SOBRE LA SEXUALIDAD

  1. ¿QUÉ ES LA SEXUALIDAD?LA SEXUALIDAD DEL ADOLESCENTE Y DEL JOVEN

3.1                - EL PERIODO DE LA ADOLESCENCIA

                3.2 - LA PRIMERA ETAPA DE LA EDAD ADULTA (18-30 años)

  1. LA RESPUESTA SEXUAL HUMANA

4.1 - EL DESEO, LA EXCITACIÓN Y EL ORGASMO

  1. VARIEDAD DEL COMPORTAMIENTO SEXUAL

5.1- LA ORIENTACIÓN SEXUAL

5.2- OTRAS VARIANTES DEL COMPORTAMIENTO SEXUAL

  1. PLANIFICACIÓN FAMILIAR

6.1 ANTICONCEPTIVOS

  1. LA REPRODUCCIÓN

7.1                FECUNDACIÓN, EMBARAZO Y PARTO

7.2                EL EMBARAZO NO DESEADO EN LOS JÓVENES Y EN LOS ADOLESCENTES

 7.3 - INTERRUPCIÓN VOLUNTARIA DEL EMBARAZO

 

  1. DISFUNCIONES SEXUALES Y TERAPIA SEXUAL

8.1                - DISFUNCIONES SEXUALES

8.2 - TERAPIA SEXUAL

  1. AGRESIONES SEXSUALES

9.1- LA VIOLACIÓN

9.2 - EL INCESTO

9.3 - LA PAIDOFILIA

9.4- EL ACOSO SEXUAL

9.5.- QUÉ PUEDES HACER SI SUFRES AGRESIONES SEXUALES

 

  1. ENFERMEDADES DE TRANSMISIÓN SEXUAL

10.1- LAS E.T.S MÁS FRECUENTES, SÍNTOMAS Y TRATAMIENTO

 10.2 QUÉ HACER ANTE UNA SOSPECHA DE ETS

 

  1. EL SIDA. MEDIDAS PARA UN SEXO SEGURO

11.1- EL SIDA

11.2.- CÓMO SE CONTAGIA EL SIDA

11.3 SIDA. LA ENFERMEDAD

11.4. MEDIDAS PARA UN SEXO SEGURO

 

12.- LA EDUCACIÓN SEXUAL

12.1.- LA EDUCACIÓN SEXUAL

 

 

 

 

1.- SALUD SEXUAL

La salud no es sólo el bienestar físico, sino también el psíquico y el social.

Pero, para que esta salud se dé, es necesario además, que cada persona viva a gusto con su cuerpo y con su sexualidad, ya que todos los seres humanos somos sexuados, es decir, todos nacemos ya con sexualidad. La sexualidad humana dura lo mismo que dura la vida y al igual que los demás aspectos de ella evoluciona y cambia en las diferentes edades o etapas evolutivas.

 

Una sexualidad sana implicaría:

- Conocimiento, valoración y aceptación del propio cuerpo.

- Aceptación del hecho de que cada persona puede expresarse como es, y vaya realizándose de la manera que desee, sin someterse a patrones rígidos que limiten su potencial humano.

- Adquisición de una concepción desinhibida, afectuosa y lúdica de la Sexualidad: saber que todos somos diferentes y todos , por lo tanto, tenemos gustos y deseos diferentes. Ser capaz de expresar estos deseos y respetar los de los demás.

En definitiva, la Sexualidad va más allá de lo que comúnmente entendemos por sexo.

*   ¿Qué funciones cumple la sexualidad?

Reproducción: puede ir encaminada a tener hijos.

Placer: la búsqueda del placer se halla en la base de muchas de las expresiones y comportamientos sexuales, y no sólo el placer que conlleva generalmente la excitación y el orgasmo, sino el placer de dar, de recibir y comunicarse en una relación sexual positiva.

Expresión de sentimientos: la sexualidad es un cauce privilegiado de expresar cariño, afecto o amor hacia otras personas puesto que la relación sexual es una de las formas más íntimas y excitantes de relacionarse y comunicarse con la persona que se quiere.

Refuerzo de la autoestima: nos ayuda a mejorar nuestra autoimagen, a sentirnos más vitales, a protegernos de otros factores negativos como el estrés, la competitividad etc..., ya que vivir positivamente la Sexualidad nos hace estar más relajados física y psicológicamente.

Definición de "Salud Sexual" de la OMS (Organización Mundial de la Salud). Ginebra. Febrero de 1974.

"Salud sexual es la integración de los elementos corporales, emocionales, intelectuales y sociales del ser sexual, por medios que sean positivamente enriquecedores y que potencien la personalidad, la comunicación y el amor".

Toda persona tiene derecho a recibir información sexual y a considerar que las relaciones sexuales sirven para el placer además de servir para la procreación.

En cuestiones de Sexualidad conviene que tengas las cosas claras. Y si no las tienes todas claras, tampoco te ahogues en un vaso de agua, porque ahora puedes acudir a centros de Salud y a servicios de información sexual para jóvenes, donde te atenderán de forma íntima, confidencial y gratuita, profesionales que saben hablar contigo y aclararte todo lo que siempre quisiste saber sobre el sexo pero temías preguntar.

 

 

 

 

2.- ¿QUÉ ES LA SEXUALIDAD?

 

La sexualidad no es: 

- Algo sucio, malo, feo .... 
- Sólo o principalmente los genitales 
- Sólo para adultos casados 
- Sólo para tener hijos 
- Sólo para hombres

 

La sexualidad es: 

- Algo que afecta a todo nuestro cuerpo 
- Una dimensión importante de la persona, pero no la única 
- Una realidad en todas las edades, niños, adolescentes, jóvenes, adultos, ancianos. 
- Todo un mundo de posibilidades: 
- Obtener placer 
- Reproducción-tener hijos 
- Sentir deseos, emociones, amor hacia otras personas 
- Favorecer la salud física y mental

 2.1- LA SEXUALIDAD SE DESARROLLA Y CAMBIA CON LA EDAD

 

La educación Sexual comienza de un modo imperceptible y no intencional desde los primeros días de la vida. Hágase lo que se haga y sean cuales sean las ideologías al respecto, la familia educa sexualmente, principalmente a través de los modelos de identificación y del contacto corporal, del lenguaje del cuerpo. La forma en que un padre o una madre sostiene a su hija o hijo, el modo de acariciarle, alimentarle, hablarle, la actitud ante sus funciones de eliminación y hábitos de higiene; ante los goces autoeróticos y la exploración de su propio cuerpo, ya implica una educación sexual, pues expresa la concepción que se tiene de la sexualidad y del placer en general. La opción no es pues, educación sexual sí o no, sino el criterio con el que se imparte; un criterio que puede ser represivo o positivo, pero que va a marcarle profundamente en el plano sexual. Hay toda una educación sexual derivada del clima familiar que respira el niño/a: según la armonía, las expresiones de deseo, las manifestaciones de afecto y de placer entre los padres, los niños y las niñas recibirán una educación sexual diferente, un concepto diferente de lo que es la sexualidad y lo que significa ser pareja. La educación sexual pasa necesariamente por actitudes y comportamientos paternos. La educación sexual se inscribe, pues, en una relación entre madres-padres e hijas-hijos y se trasmite más a través del ejemplo, la actitud y los comportamientos que de los principios impuestos y no siempre respetados. Bajo esta perspectiva, la educación sexual es un aspecto más de la educación de la afectividad total del niño/a. Aislarla es un artificio que supone la no integración de la sexualidad en el conjunto de la vida psíquica -intelectual- sentimental y física de la persona. A partir de los dos años y medio, la niña/o que ya ha descubierto que sus manos, sus pies, su cara le pertenecen empieza a interesarse por sus órganos sexuales, a querer compararlos y saber de ellos. Hace preguntas; es una nueva etapa: la de la información sexual.

Es muy importante que tanto la madre como el padre puedan contestar a los interrogantes de sus hijos / as o acepten hacerlo porque las niñas y los niños necesitan para desarrollarse, disponer muy pronto de información sobre el nacimiento, la reproducción, las relaciones sexuales. Muy pronto quiere decir desde que lo pregunten, no intentar acelerar su madurez o sensibilidad a estas preguntas. Pero cuando las hace tampoco hay que escamotearlas u ocultarlas. El niño/a emprenderá el diálogo en función de sus necesidades y esto es signo de un progreso general afectivo e intelectual. La posibilidad de establecer un diálogo sexual en un clima de confianza es más importante que la calidad de las respuestas. Esto lo deben tener en cuenta sobre todo en aquellas ocasiones en que los padres crean no estar suficientemente preparados para transmitir a sus hijos/as ciertos conocimientos sobre estas cuestiones. La información sexual no es lo único importante, sino la posibilidad de establecer un diálogo que permita a la niña y al niño, al adolescente y la adolescente expresar sus dudas y vivir una sexualidad gozosa que respete los gustos y diferencias de los demás y esté basada en la no manipulación del otro.

 

La adolescencia es un período de grandes cambios y transformaciones: el cuerpo del niño/a comienza a madurar, a convertirse en adulto, su cabeza se llena de nuevas ideas y pensamientos, aparecen nuevos gustos e intereses.

Es la época del deseo de independencia familiar, del inconformismo y de las teorías que pretenden cambiar el mundo, en este momento nacen las grandes amistades y los primeros amores que siempre dejan huella.

La adolescencia comienza por la pubertad. En la pubertad se producen grandes cambios físicos (11 a 16 años según los casos), crecen, pueden salir granos en la cara y espalda, aparece el vello en las axilas y pubis, crecen los pechos en las chicas, cambia la voz en los chicos y empieza a perfilarse el bigote. En ambos sexos se desarrollan los órganos genitales. Aparecen las primeras menstruaciones en las chicas o las primeras eyaculaciones en los chicos. La/el adolescente vive muy confusamente estas transformaciones que se dan en su cuerpo de forma brusca. No controla sus movimientos y no acepta su propia imagen corporal, sobre todo si no coinciden con los ideales de belleza que nos imponen los cánones sociales.

Es necesario que los padres y el profesorado (tal y como lo hemos expresado anteriormente), establezcan cauces de diálogo y comunicación de tú a tú con los adolescentes para que éstos y éstas puedan expresar sus inquietudes e inseguridades.

 

Hacia la madurez sexual... siempre estamos aprendiendo

Entendiendo que la capacidad sexual es mucho más amplia que la posibilidad de tener hijos, la madurez sexual en este sentido es algo que no se adquiere de la noche a la mañana, por un mero cambio fisiológico, sino que uno la va moldeando a lo largo de toda la vida. Siempre nos queda algo que aprender o una nueva sensación que experimentar. Podemos ir viendo cómo la relación sexual puede ir pareja a un profundo sentimiento de cercanía o ternura, y cómo entonces nos deja más satisfechos.

Aprendiendo siempre, ya que una relación sexual pierde su atractivo cuando se convierte en rutina (algo meramente mecánico que se sabe cómo empieza y cómo termina).

Y madurar no es sólamente aprender "técnicas" o posturas como quien aprende recetas de cocina, sino quitarnos tabúes, miedos, vergüenzas, saber que no hay nada de perverso ni anormal siempre que sea una forma de expresión sincera, agradable y deseado por los dos miembros de la pareja; es también quitar de nuestra vida los mitos y los tópicos, la idea de que lo mejor es "esto" o lo "otro", y funcionar con lo que sea bueno para los dos. Por ejemplo, la obsesión por el orgasmo simultáneo puede hacer que una pareja no disfrute y se queden frustados si, como es normal, ambos tienen ritmos distintos. Se trataría, más bien, de disfrutar espontáneamente en este proceso de recibir y proporcionar sensaciones.

Madurar sexualmente es también, sobre todo en el caso de los hombres, olvidarse de la preocupación por su potencia sexual, y empezar a pensar que lo más satisfactorio para su pareja es probablemente que se manifiesten como son, que sean capaces de valorar la importancia del cariño y la ternura en la relación, mucho más que que "sean muy machos" o que "tengan siempre ganas", que son cosas que no sólo no tienen importancia, sino que su insistencia sobre ellas puede resultar un agobio para la mujer.

Madurar es descubrir que la piel es el principal órgano sexual, y que todo el cuerpo es capaz de sentir, expresarse y gozar. Cada persona puede tener una sensibilidad sorprendente a nivel de cualquier parte de su cuerpo. Por eso es muy importante que la persona se sienta lo suficientemente libre para explorar su propio cuerpo y el del otro/a, para acariciar sin límites y experimentar nuevas sensaciones, inventando la relación cada día. La caricia no es sólo una realidad física sino psíquica y emocional. Se trata de que la caricia exprese la emoción y el sentimiento que en ese momento vivimos.

Para madurar pues, es imprescindible que hombres y mujeres nos conozcamos bien a nosotros mismos, que sepamos cuáles son nuestras preferencias y seamos capaces de hablar de ellas con nuestras parejas (si las tenemos): ver si la relación satisface o no los gustos específicos de cada momento, etc...

Madurar es ir aprendiendo y descubriendo nuevas facetas cada día.

 

Y las personas mayores "¿qué?".

La vida sexual no termina nunca, porque seguimos siendo sexuados durante toda la vida.

Hemos ido viendo que la sexualidad tenía diferentes manifestaciones: No se expresa igual en la infancia, en la adolescencia, en la edad adulta o en la vejez. En este período suele disminuir la frecuencia de las relaciones coitales (esto no ocurre de repente, sino gradualmente). Sin embargo, aparece cierta dificultad en la consecución del orgasmo, y posibles molestias vaginales durante el coito. Se deberá dar más importancia al afecto, la ternura, la comunicación, que también son aspectos de la sexualidad.

Por ello no puede decirse que se termina o disminuye la vida sexual sino, en todo caso, que cambia. El contacto piel a piel, las caricias... y en algunos las relaciones coitales siguen teniendo gran importancia en la vejez. Incluso puede haber nuevos enamoramientos y grandes deseos de mantener o reencontrar a la pareja sexual.
  

 

 

2.2 - MITOS Y ERRORES MÁS FRECUENTES SOBRE LA SEXUALIDAD

 

Es un grave error pensar que:

*   La persona dispone de un número limitado de experiencias sexuales en su vida y que la actividad sexual acaba cuando se llega a cierta edad.

*   Que hacer el coíto en determinadas posturas, cuando se tiene la regla o las primeras veces, no tiene riesgo de embarazo.

*   Que se pueda producir un embarazo sin la penetración del pene en la vagina.

*   Que existan dos diferentes tipos de orgasmos femeninos: uno vaginal y otro clitoridial.

*   Que algunas razas tengan mayor o menor impulso sexual que otras o que el tamaño del pene dependa de la raza.

*   Que la gratificación sexual de la mujer dependa del tamaño del pene.

*   Que entre los jóvenes de hoy existe demasiado desenfreno sexual.

*   Que es peligroso tener relaciones sexuales durante la regla.

*   Que los seres humanos puedan quedarse "enganchados" durante el coíto, es decir, ser incapaces de separarse tras el coíto.

*   Que los deportistas deban abstenerse de tener actividad sexual antes de las competiciones.

*   Que tanto el deseo como las habilidades sexuales pueden aumentar mediante el uso de ciertos alimentos, drogas o afrodisíacos.

*   Que para que una pareja consiga una relación sexual altamente placentera y satisfactoria es necesario que alcancen los orgasmos de forma simultánea.

*   Que el hombre es el eterno agresor sexual que realiza todo el proceso de persecución, mientras la mujer es la sempiterna víctima que debe esperar a que se la persiga.

 

 

 

 

 

 

3.- LA SEXUALIDAD DEL ADOLESCENTE Y DEL JOVEN

 
3.1 - EL PERIODO DE LA ADOLESCENCIA

Comprende de los 12 a los 19 años, es una época de rápidos cambios y difíciles empresas. El desarrollo físico es sólo una parte de este proceso, porque los adolescentes afrontan una amplia gama de requerimientos psicosociales: independización de los padres, consolidación de las cualidades necesarias para relacionarse con los compañeros de la misma edad, incorporación de una serie de principios éticos aplicables a la realidad práctica, fomento de las capacidades intelectuales y adquisición de una responsabilidad social e individual básica, por nombrar sólo algunos. Pero a la vez que el adolescente se encara con tan compleja sucesión de dificultades concernientes a su evolución conjunta como ser humano, debe dirimir su sexualidad aprendiendo el modo de adaptarse a los cambiantes sentimientos sexuales, escogiendo cómo participar en las diversas clases de actividad sexual, descubriendo la manera de identificar el amor y asimilando los necesarios conocimientos para impedir que se produzca un embarazo no deseado. No es extraño que en ocasiones el adolescente sea víctima de conflictos, sufrimiento y desconcierto.

Por otro lado, la adolescencia también es una etapa de hallazgo y eclosión; una época en que la maduración intelectual y emocional corre paralela con el desarrollo físico y genera una libertad y un creciente apasionamiento vital. La adolescencia no es únicamente un periodo de turbulencia y agitación, como quieren las concepciones tradicionales, sino que, a la vez, suele ser una fase de goce y felicidad que marca el tránsito agitado y tumultuoso al estado adulto (Offer y Offer, 1975). La naturaleza paradójica de la adolescencia se patentiza sobre todo en la esfera de la sexualidad.

 

Aspectos psicosexuales de la adolescencia

Fantasías sexuales

Los sueños y las fantasías sexuales se tornan más frecuentes y explícitos en la adolescencia, muchas veces como elemento auxiliar de la masturbación. Parece ser que la fantasía, en el marco de la adolescencia, cumple varios cometidos: realza por lo general el placer de la actividad sexual; puede sustituir a una experiencia real (pero inasequible); origina excitación o provoca el orgasmo; constituye una especie de plataforma de ensayo mental de cara a ulteriores situaciones sexuales (aumentando la tranquilidad y anticipándose a posibles problemas, igual que ocurre con el ensayo de cualquier otra actividad) y, en fin, supone un medio de experimentación sexual sin riesgos, controlable y nada conmocionante. La experiencia del adolescente, en cuanto a la exploración del alcance y aplicabilidad de las fantasías, repercute decididamente en su actividad sexual y en la propia seguridad a la hora de desempeñarse sexualmente en fases posteriores.

 

Independencia

A medida que el adolescente pugna por consolidar un sentido de identidad e independencia personal con respecto a sus padres y a otras figuras autoritarias, adquieren gran importancia las relaciones recíprocas con los compañeros y compañeras de la misma o parecida edad. Así, por ejemplo, la necesidad de libertad que experimenta el adolescente se acompaña normalmente del imperativo de ser como sus amigos, por más que en ocasiones ambas exigencias sean contrapuestas o antagónicas.

Las presiones del grupo de edad a que pertenece el adolescente varían según las colectividades sociales.

En su ansia por liberarse de la supervisión de los padres y de los adultos, algunos adolescentes ven en el sexo un medio de demostrar su aptitud para tomar decisiones propias y de presentar cara a la escala de valores de la otra generación. Pero la conquista de esa libertad no es tarea fácil, ya que los adolescentes adquieren de un modo y otro un considerable legado sexual de sus mayores y de la generación correspondiente en el que se incluyen pautas discriminatorias hacia el sexo femenino y un intenso sentimiento de culpabilidad sexual. Han cambiado antes las actitudes que la conducta, puesto que hoy está muy extendida la idea de igualdad entre ambos sexos No obstante, perdura en ciertos aspectos el criterio de la superioridad del varón. Aún se espera que sea éste el que tome la iniciativa sexual, y si es la mujer la que lo hace, lo más probable es que se la tache de "atrevida" o "calentorra". Los adolescentes no se han desembarazado de todo vestigio de problemas sexuales, mala información y desconcierto en materia de sexualidad; más bien parece que hayan sustituido determinados problemas por otro contingente de dificultades.

 

Reacciones paternas

Muchos adultos dan la impresión de sentirse amenazados por las pautas del adolescente en esta materia y tratan de regularlas de manera ilógica, como lo demuestra el hecho de que se pretenda a veces suprimir la educación sexual en las escuelas ("les llenaría la cabeza de malas ideas"), restringir la información sobre métodos anticonceptivos ("que sigan teniendo miedo a quedar embarazadas"), censurar libros y películas o, sencillamente, fingir que la sexualidad del adolescente no existe en absoluto. Por fortuna, no todos los padres adoptan una visión tan negativa de la sexualidad juvenil y en algunos casos asumen posturas más liberales. También es importante constatar que la conducta sexual del adolescente puede crear inquietud en los progenitores. A muchos padres les preocupa que sus hijos adolescentes se vean atrapados en un embarazo involuntario, conscientes de que, aun cuando él o ella dispongan de medios anticonceptivos, quizá no los sepan utilizar eficazmente en el momento preciso. Los padres también se inquietan, y no sin motivo, de que sus hijos adolescentes puedan contraer una enfermedad venérea.

 

Pautas de conducta sexual

La masturbacion

Kinsey y colaboradores (1953) detectaron una marcada diferencia en cuanto a la incidencia de la masturbación en los varones y en las mujeres. No obstante, la tendencia actual indica un aumento de la masturbación en las muchachas adolescentes.

La masturbación cumple en los adolescentes varias funciones de importancia, como son el alivio de la tensión sexual, el constituir una forma inocua de experimentación sexual, la mejora de la autoconfianza en el desempeño sexual, el dominio de los impulsos sexuales, la mitigación de la soledad y una válvula de escape de la tensión y el estrés generales.

 

 

Las caricias (petting)

Kinsey y colaboradores lo definen como el contacto físico entre varones y mujeres con miras a lograr la excitación erótica sin realizar el coito. Recientemente, un estudio basado en entrevistas con estudiantes de ambos sexos de primer año de universidad, a los que se preguntó sobre sus experiencias sexuales en el instituto de secundaria, puso de manifiesto que el 82 % tuvo estimulación genital con su pareja, y que el 40% de las muchachas y el 50% de los chicos habían tenido orgasmos durante el petting (Kolodny, 1980).

El petting debe contemplarse a la luz de los cambios de actitud que hoy se observan en la conducta sexual del adolescente. Además de practicar buen número de actividades sexuales a edad más temprana que otras generaciones, muchos de los adolescentes de nuestros días han prescindido de la costumbre de "salir" o darse cita con compañeros o compañeras y de "entablar un noviazgo" formal, y se atienen a pautas de interacción social menos estructuradas.

 

El coito

La primera experiencia coital puede constituir un episodio de dicha, goce, intimidad y satisfacción o, por el contrario, originar inquietud, desengaño y culpa. Es un error deducir que los chicos y chicas que tienen su primera relación coital a edad más temprana son por ello mismo promiscuos, ya que muchos adolescentes jóvenes se limitan a realizar la experiencia con una misma compañera en cada ocasión. También debe tenerse en cuenta que no pocos adolescentes que ya no son vírgenes realizan el acto sexual con escasa frecuencia. En el caso de algunos muchachos, sobre todo los que "probaron" efectuar la cópula por el afán de experimentar, desvelado el misterio hallan menos intrigante y apetecible la relación sexual y pasan largos periodos sin hacer el amor o copulando de tarde en tarde, impulsados a veces por el deseo de encontrar "la persona adecuada". Los adolescentes que mantienen una relación amorosa que permanece desde hace tiempo, suelen realizar el coito con bastante regularidad.

En los últimos años se ha puesto de manifiesto que entre los adolescentes con experiencia sexual está emergiendo un contingente que se muestra desengañado, insatisfecho o turbado en lo que atañe a su vida sexual. En ocasiones se trata de muchachos o muchachas que esperaban tanto de esa primera experiencia que luego se sienten poco menos que frustados o estafados si la situación no resulta conmocionante. Otros padecen trastornos sexuales que les han impedido gozar del contacto íntimo. Un tercer contingente está constituido por adolescentes que en un principio gozan con la experiencia sexual, pero que pierden interés por ella cuando se dan cuenta de que la relación con el compañero o compañera tiene tan sólo una motivación sexual, o cuando se rompe el vínculo y una parte se siente utilizada o manipulada. Buena parte de esos optan por la continencia para salir del paso, en la confianza de que cuando sean mayores- o cuando den con la pareja adecuada- las cosas serán de otro modo. Por último están los que, siendo sexualmente activos, hallan escaso o nulo el placer en las relaciones íntimas.

 

Experiencia homosexual

Los estudios de Kinsey pusieron de manifiesto que muy frecuentemente los adolescentes varones habían tenido al menos una experiencia homosexual, en tanto que el porcentaje de experiencias lésbicas entre muchachas era muy inferior.

Conviene tener presente que un encuentro aislado entre dos adolescentes del mismo sexo o una pauta efímera de actividad homosexual no basta para afirmar que el individuo tenga una inclinación de este tipo. La mayor parte de los adolescentes que han tenido experiencias homosexuales no se ven como tales y, ya adultos, su conducta es heterosexual. Aun así, hay adolescentes que albergan sentimientos de culpa y se muestran ambivalentes respecto a su orientación sexual como consecuencia de un solo episodio de ese género, lo que les turba emocionalmente.

El adolescente que se inquieta ante la idea de ser homosexual reacciona de muy diversas formas. Los hay que evitan toda relación con individuos del mismo sexo a la vez que tratan de reforzar su identidad heterosexual saliendo con chicas y entregándose a contactos amorosos heterosexuales. Otros optan por evitar todo tipo de situaciones sexuales. Además, están los que se tienen por bisexuales, los que estiman que la excitación homosexual es una etapa transitoria que dejarán atrás, y, en fin, los adolescentes que recaban la ayuda de un profesional para salir de apuros.

Algunos adolescentes "sienten" de manera intuitiva que son homosexuales, o bien superan el desconcierto inicial acerca de su identidad sexual y asumen de forma positiva la homosexualidad. Estos últimos suelen consultar libros sobre el tema, buscan la compañía de otros homosexuales y aspiran a introducirse socialmente en la subcultura homosexual. Estas personas se enfrentan con algunas dificultades en virtud del concepto hoy vigente sobre la homosexualidad y no confiesan sus preferencias sexuales a la familia o a los amigos (lo que se conoce como coming out, es decir, "salir a la superficie") hasta más tarde, y eso suponiendo que decidan hacerlo.
 
 

3.2 - LA PRIMERA ETAPA DE LA EDAD ADULTA (18-30 años)

El primer ciclo de la edad adulta, que comprende aproximadamente desde los 20 a los 40 años, es un periodo en que los individuos toman importantes decisiones en su vida (matrimonio, trabajo, modelo de vida) y pasan de las ambiciones relativamente no verificadas de la adolescencia a una madurez personal decantada por la realidad del mundo en que viven. Para la mayoría de las personas es un época de creciente responsabilidad sobre las relaciones interpersonales y la vida de familia.

En los últimos años, se observa en general una clara propensión a contraer matrimonio a una edad más tardía que en décadas anteriores. Como resultado de este fenómeno muchos jóvenes, varones y mujeres, mantienen la soltería durante un lapso de tiempo considerable, lo que sin la menor duda ha alterado las pautas de comportamiento sexual que regían en tiempos de Kinsey. Hoy, buen número de personas entre los 20 y los 30 años consideran que la adquisición de experiencia sexual es un paso inicial que facilita la acertada elección de pareja, en contra de la idea antes vigente de preservar la virginidad. Erikson (1968) observa que el desarrollo de la capacidad para una convivencia íntima es uno de los principales objetivos del joven adulto.

Por lo general, el adulto joven no se halla tan sujeto a la "presión de los compañeros de su edad en materia sexual" como lo está el adolescente, sino que predomina en él la fuerte necesidad interna de "foguearse " sexualmente. La libertad de movimientos respecto de los padres y los límites que imponen al adolescente va acompañada de un acceso más fácil a un entorno más íntimo, a un lugar en el que poder estar solo, sea un apartamento, la habitación de un motel o un centro de vacaciones, lo que conlleva de paso mayores oportunidades en el terreno sexual. Dentro de ese estado de soltería se observan varias formas comunes de comportamiento sexual:

El experimentador parece evaluar los lances sexuales atendiendo a la frecuencia, diversidad y eficacia en el desempeño amoroso; él o ella dan la impresión de considerar la vida como un copioso super orgasmo sexual y su actitud es, normalmente, ésta: "Ahora es tiempo de pasarlo en grande, porque luego voy a sentar la cabeza".

El buscador pugna por hallar la unión ideal (y la compañera perfecta con la que casarse) a base de continuas experiencias sexuales, confiando en dar así con lo que anda buscando. La vida en común puede convertirse en un campo de pruebas cuando se entablan relaciones sobre esta base.

El tradicionalista participa de buena gana y placenteramente en la actividad sexual, pero conserva el coito para las "relaciones serias". Es posible que antes de contraer matrimonio el tradicionalista tenga varias parejas sexuales, pero siempre de una en una durante un periodo de tiempo dado. Es indudable que podrían reseñarse otros modelos o formas de comportamiento sexual, pero los tres enumerados parecen ser los más corrientes.

Los primeros años del estado adulto son una época de incertidumbre sexual para unos y de satisfacción plena para otros. A veces la sexualidad se tuerce debido a sentimientos de culpa o de inmoralidad que el individuo, hombre o mujer, arrastra de antiguo. La preocupación que tenía el adolescente acerca de su idoneidad sexual no ha desaparecido del todo, y el joven adulto continúa preocupándose también de su prestancia física, dotes sexuales y destreza personal en el amor. Es posible que aún no se hayan resuelto los conflictos en torno a la identidad sexual, e incluso para los que han logrado aceptar y asumir su condición de homosexuales o bisexuales, las presiones y prejuicios sociales pueden suponer obstáculos y dificultades.

Pese a la existencia de tales problemas, los jóvenes adultos son hoy más activos en el plano sexual que sus homólogos de otras épocas. Un factor determinante que contribuye a este cambio es el relativo abandono de los viejos postulados discriminatorios, según los cuales las aventuras amorosas prematrimoniales estaban prohibidas a las mujeres, pero no a los hombres. Por todo ello no sorprende que las diferencias en la banda de actividad sexual entre varones y mujeres se hayan reducido en gran medida con respecto a las que regían en otros tiempos.

En la actualidad los adultos jóvenes se enfrentan con algunos conflictos sexuales suplementarios que vienen a ser una especie de reacción antagónica del lema "cualquier cosa vale" de las décadas de 1960 y1970. Por ejemplo, si bien en los últimos treinta años se ha producido un cambio de actitud espectacular en lo que atañe a las relaciones sexuales prematrimoniales, la promiscuidad sexual sigue siendo objeto de reprobación más o menos larvada. Además, si bien la mayoría de los solteros, hombres y mujeres, estiman que no es necesario querer a la pareja de turno para tener relaciones sexuales placenteras, se empieza a observar un desencanto creciente en lo que concierne al sexo fortuito o accidental y a los amores de una noche.

Parece que esta tendencia se debe, al menos en parte, a la cada vez más consciente aprensión al contagio venéreo. Por otra parte, entre los jóvenes adultos homosexuales que, como grupo, tienen normalmente muchos más contactos sexuales fortuitos o accidentales que sus homólogos heterosexuales, el miedo al SIDA ha hecho que últimamente redujeran el número de sus parejas sexuales y se observara un interés más palpable por entablar relaciones "monógamas".

No obstante, el miedo no es el único factor que interviene en el ámbito del sexo ocasional. Muchos de los jóvenes adultos que hemos tenido ocasión de entrevistar se muestran disconformes con otra secuela del sexo accidental, y es su naturaleza relativamente impersonal. Si bien la disminución de restricciones en la conducta sexual crea un ambiente propicio para la libertad de expresión sexual y de elección de la pareja, esta libertad no es siempre inequívocamente positiva. La libertad sexual puede ser motivo de desengaño, opresión y conflictos de la misma manera que puede producir satisfacción, en el sentido de que "en la medida que diversifica y amplía la experiencia, también diversifica y multiplica el dolor inherente a ella, los errores que podemos cometer y el daño que recíprocamente podemos causarnos.

Claro está que muchas veces las situaciones de carácter sexual en la primera etapa de la edad adulta son cordiales, apasionadas, compensatorias y sin perturbaciones. Incluso el sexo accidental cumple una serie de funciones, tanto orgánicas como psicológicas, y, desde luego, no hay razón para poner reparos a las evasiones placenteras. Sin embargo, hoy empieza a dominar claramente la tendencia a mantener relaciones sexuales en un contexto de afecto mutuo, como se aprecia muy en especial en la propensión cada vez más evidente de las parejas jóvenes a "cohabitar", es decir, a la vida en común.

En contraste con la vida de soltero, el matrimonio se rige por otros módulos de expresión sexual. Para bien o para mal, lo cierto es que la mayoría de los jóvenes adultos terminan contrayendo matrimonio. Al tiempo que la novedad de la felicidad conyugal de primera hora se diluye en el proceso de aprender a convivir, respetando los hábitos y peculiaridades mutuos - de la misma forma que los afanes primerizos por conquistar el mundo dan paso a una focalización más práctica en los pormenores de la vida cotidiana-, la relación sexual tiende a ser menos incitante y, a veces, menos gratificante para uno o para los dos miembros de la pareja.

La paternidad menoscaba la intimidad, añade exigencias nuevas y llega incluso a producir agotamiento. Es difícil pensar en el sexo cuando se ha pasado la jornada vigilando los pasos de un niñito de dos años, de la misma manera que la excitación sexual se aminora o desaparece después de haber estado 14 horas seguidas trabajando.

Aunque no se pierda ni se sacrifique el goce sexual, éste debe soportar el contrapeso de otras necesidades y responsabilidades, lo cual constituye un hito experimental de primer orden en esta fase de ciclo vital. Los que no consiguen culminar con éxito este proceso de integración es probable que se sientan menos satisfechos en el plano sexual, lo que puede inducirles a buscar aventuras con otras mujeres, o recurrir al divorcio. En la actualidad estas salidas son harto comunes y bien conocidas de los investigadores.

Hay parejas que dan cima al "sueño" de hallar la dicha conyugal, lo que consiguen mediante una convivencia armoniosa, educando a sus hijos, guardándose fidelidad mutua y profesándose un cariño sin fisuras. Otros matrimonios se atienen a una versión corregida de esta pauta: desaparece el amor, pero subsisten los elementos restantes. Y, en fin, los hay que experimentan con nuevas varientes del modelo ideal, bien sea renunciando a tener hijos, no observando la fidelidad mutua o relegando la dicha matrimonial a un segundo plano. La impresión que externamente causa una pareja casada y la realidad interna que preside su unión no siempre guarda una coherencia lógica. Un indicio concreto de que muchos matrimonios no son felices lo tenemos en las tasas de divorcio que se dan en nuestra sociedad.

Es difícil discernir en qué medida la insatisfacción sexual es una causa primaria de divorcio, pero los consejeros matrimoniales saben bien que los problemas sexuales suelen ser un elemento común en los matrimonios que se tambalean.

Por otra parte, hay personas que deciden casarse aun a sabiendas de que existe una disfunción sexual. Quizá confían en que la dificultad desaparecerá con el paso del tiempo-cosa que normalmente no ocurre- o bien adoptan una actitud de "despreocupación" que resta importancia, con toda intención, al papel del sexo antes incluso de que se consume el enlace.

A partir de los 40 años, el individuo entra en un periodo de transición de la juventud adulta al estadio de la madurez.

 

 

 

 

 

 

4.- LA RESPUESTA SEXUAL HUMANA

Tanto para los hombres como para las mujeres, se compone de tres fases distintas: el deseo, la excitación y el orgasmo.
 

4.1 - EL DESEO, LA EXCITACIÓN Y EL ORGASMO

El deseo erótico es el deseo o la necesidad de actividad sexual. A veces, la persona se siente sexual de una manera espontánea, y se siente movida a buscar una experiencia sexual; algunas veces, aunque la persona no esté especialmente interesada por la sexualidad, la presencia de un individuo atractivo o la existencia de una situación determinada pueden provocar su apetito sexual.

Todos los apetitos - el hambre, la sed, la fatiga, es decir, la necesidad de dormir-, incluido el deseo sexual, tienen su origen en el cerebro. El apetito sexual surge en una zona especial del cerebro localizada en una zona que controla la emoción. La componen complicados circuitos y centros neurales, y, cuando éstos se activan, la persona se siente "caliente".

Diferentes fuerzas físicas y psíquicas pueden afectar los centros sexuales y el deseo sexual de una persona. Si alguien está enfermo, deprimido o angustiado, estimulado o abatido por ciertas drogas, o bien si ha recibido el mensaje de que la sexualidad es algo malo, o si ha sido herido o rechazado, no es probable que sienta intensos deseos sexuales. Por otra parte, si alguien está en buena forma física, si su estado de ánimo es bueno, si considera que la sexualidad es algo positivo, y sobre todo si está enamorado o si está en compañía de una persona que le atrae, es probable que se sienta muy sexual.

El deseo sexual lo experimentan tanto las mujeres como los hombres. Tanto hombres como mujeres tienden más a desear y a disfrutar de la relación sexual con una persona a la que aman que con un extraño. El amor constituye un estímulo sexual, tanto para los hombres como para las mujeres. Estar enamorado intensifica los deseos y respuestas sexuales del individuo. Si una persona es objeto de un leve contacto por parte de algún amigo informal del sexo opuesto, no es probable que exprese una respuesta sexual, mientras que, si la persona de quien estás enamorado o "encaprichado" te roza la mano, aunque sea por casualidad, es posible que sientas excitación. Esta relación entre el amor y el deseo es tan estrecha para algunas mujeres, que les resulta imposible desear o responder sexualmente a un hombre a menos que estén enamoradas de él. Existen también hombres igualmente normales a los que les ocurre lo mismo, pero, en nuestra sociedad, esta actitud está más extendida entre las mujeres.

La segunda y tercera fases de la respuesta sexual, la excitación y el orgasmo, difieren del deseo en cuanto se caracterizan, sobre todo pero no únicamente, por unos cambios físicos en los órganos genitales.

Los órganos genitales de hombres y mujeres experimentan cambios similares para prepararse para la relación sexual. En el varón, un conjunto de reflejos produce una excitación o erección que hace posible la introducción del pene en la vagina, y otro conjunto de reflejos da lugar al orgasmo, por medio del cual los espermatozoides son depositados en el lugar en el que pueden cumplir su función fecundadora. En la mujer, la excitación causa secreción y tumefacción vaginal, mientras que el orgasmo produce únicamente placer. Tanto en el hombre como en la mujer, la fase de excitación de la respuesta sexual se produce por la vasocongestión genital. Esto significa que los vasos sanguíneos de los genitales se dilatan y se llenan de sangre.

Tanto para los hombres como para las mujeres la vasocongestión genital se produce por acción del sistema nervioso autónomo. Esto significa que este fenómeno no está bajo el control voluntario de la persona. Es decir, que un individuo no puede querer directamente la secreción en su vagina o la erección de su pene de la misma manera que quiere levantar un brazo. Los brazos y las piernas están bajo control del sistema nervioso voluntario. La excitación sexual viene después de la estimulación, y ocurre solamente si la persona está relajada y dispuesta para el placer. Si la persona se esfuerza demasiado por provocarla, es incluso probable que no se produzca, porque el esfuerzo voluntario puede inhibir una respuesta involuntaria.

Tanto los hombres como las mujeres experimentan la tercera fase de la respuesta sexual, el orgasmo, y en ambos éste es producido por la contracción refleja de ciertos músculos genitales. Sólo el orgasmo masculino es necesario para la reproducción, pues sirve para depositar los espermatozoides; el orgasmo femenino produce sólo placer, y, desde el punto de vista de la evolución, es en cierto modo un lujo.

El orgasmo consiste en la contracción refleja de los músculos genitales externos. En las mujeres, estos músculos están situados en torno a la vagina, y el placer de las contracciones orgásmicas suele experimentarse en este punto y en el interior de la pelvis.

El orgasmo masculino lo desencadena la estimulación rítimica del pene (especialmente del glande), y hasta hace poco tiempo se creía que el orgasmo femenino lo provocaba la estimulación de la vagina. Pero en la actualidad se dispone de datos que indican que esto no es así. La penetración en la vagina es extremadamente placentera y gratificadora para la mayoría de las mujeres, pero el orgasmo suele desencadenarse por estimulación rítmica del clítoris.

La estimulación directa del clítoris o de la zona inmediatamente circundante puede dar lugar a un orgasmo sin penetración en la vagina. Esto es lo que ocurre con la masturbación y en la relación manual y oral con un compañero. Desde luego, el orgasmo puede también producirse durante el coito, porque en estos momentos el clítoris es estimulado indirectamente: los movimientos de entrada y salida del pene constituyen una fricción del capuchón del clítoris, estimulando así este órgano. Además, con los movimientos de la pareja, la zona clitórica entra en contacto con el hueso púbico del hombre. La mayoría de las mujeres no pueden experimentar orgasmo coitales, por más que sean mujeres completamente normales. Esto se debe a que la estimulación clitórica que proporciona el coito es indirecta y no tan intensa como la estimulación directa del clítoris. La estimulación indirecta del clítoris puede no ser lo bastante intensa como para provocar el orgasmo, pero responden fácilmente a la estimulación clitórica directa por parte de su compañero. Esto no debe causar ninguna preocupación en cuanto a la sensibilidad de la mujer o la capacidad de su compañero como amante, no en cuanto al valor de la relación. Las parejas en las cuales la mujer necesita alguna estimulación clitórica directa para alcanzar el orgasmo pueden tener experiencias sexuales muy satisfactorias. No obstante, hay algunas mujeres a las que les cuesta mucho alcanzar orgasmos de la forma que sea. Este problema suele tener solución.

Una diferencia importante entre la sexualidad masculina y la femenina consiste en el hecho de que la mujer no tiene un período refractario de duración considerable entre distintos orgasmos. Incluso a una edad avanzada, la mujer puede tener muchos orgasmos inmediatamente sucesivos. Este fenómeno se denomina "orgasmos múltiples": se dice que la mujer es "multiorgásmica". Sin embargo, aunque la mujer es físicamente capaz de tener múltiples orgasmos, el deseo que la mueve a ellos depende de cada persona y de cada situación: una mujer que desee experimentar varios orgasmos en una ocasión puede no desearlo en otra. Muchas mujeres se sienten perfectamente satisfechas con un único orgasmo. Incluso la fase de excitación de una experiencia sexual puede resultarles a veces tan placentera que pueden no sentir en absoluto la necesidad de llegar al orgasmo.

En este aspecto, las mujeres son muy diferentes de los hombres jóvenes, cuya necesidad de orgasmos es muy fuerte. Los jóvenes suelen quedar decepcionados si no alcanzan el orgasmo después de sentirse excitados. Si un hombre es repetidamente excitado sin llegar al orgasmo, la vasocongestión resultante puede hacerse dolorosa, y suele desaparecer cuando se alcanza un orgasmo. Las mujeres tienen un problema análogo denominado "congestión pélvica crónica", cuando no tienen orgasmos con la suficiente frecuencia. Esta congestión produce una sensación de difuso malestar en la región pélvica.

 

 

 

 

 

 

5.- VARIEDAD DEL COMPORTAMIENTO SEXUAL

 

5.1- LA ORIENTACIÓN SEXUAL

El deseo sexual puede tener varias orientaciones, es decir, varias formas en que puede satisfacerse.

Autoerotismo

La persona (masculina-femenina) obtiene placer sexual estimulándose a sí misma; bien con fantasías eróticas y/o acariciándose el cuerpo y los genitales, cada cual según sus deseos. A esto se llama también masturbación. Es una manifestación sexual muy común en los dos sexos y aparece muy temprano en las niñas y niños, cuando se acarician sus genitales porque obtienen placer. Más tarde en la adolescencia se recurre a ella frecuentemente para satisfacer el deseo sexual y continúa siendo algo muy gratificante en todas las edades. Como vemos, la masturbación es un hecho natural que puede manifestarse a lo largo de toda la vida. Todavía algunas personas no lo ven así y dicen que si te masturbas te nacen granos, se seca el cerebro, se pierde energía física, y que es sólo propia de jóvenes o personas sin pareja.

Con ello han logrado que a veces nos sintamos culpables cuando nos masturbamos, aunque lo cierto es que no tiene por que producir ningún problema.

Homosexualidad

La persona (masculina-femenina) se siente atraída y obtiene placer sexual a través de las relaciones mantenidas con una persona de su mismo sexo. Aunque hay personas que no lo comprenden y piensan que es un tipo de perversión o una enfermedad, en realidad no es más que una de las formas en que puede expresarse la sexualidad. Existen diversas opciones y debemos respetarlas.

Heterosexualidad

El sujeto se siente atraído y obtiene placer sexual a través de la relaciones mantenidas con una persona del otro sexo.

 

Bisexualidad

La persona se siente atraída y obtiene placer sexual a través de las relaciones mantenidas indistintamente con personas de uno u otro sexo.

Estas diferentes orientaciones no conllevan necesariamente conductas sexuales.

Refiriéndonos a la heterosexualidad debemos tener muy claro que la relación sexual no se reduce al coito (penetración del pene en la vagina), ésta es una caricia más, que a algunas personas puede resultarles muy excitante y a otras, sin embargo, no.

Los besos, las caricias globales, los abrazos, las caricias en genitales por parte del compañero/a, etc... forman parte de la relación sexual y esto puede ser de por sí muy satisfactorio sin necesidad de llegar al coito. Hay que tener en cuenta siempre las preferencias de cada una/o. Ahora bien, si se tienen relaciones sexuales coitales, hay que tomar las medidas necesarias para que no se produzca un embarazo no deseado. Lo mejor es acudir a un centro para información y asesoramiento.
  


 
5.2- OTRAS VARIANTES DEL COMPORTAMIENTO SEXUAL

La conducta sexual, al igual que el comportamiento humano, es plural y compleja, desafiando los esquemas de clasificación demasiado sencillos.

La mayor parte de las definiciones que nos dan los diccionarios acerca del vocablo "normal" indican que es normal todo lo que se adecúa a un patrón usual o característico. Pero lo insólito y lo atípico no sólo cambian según las culturas, sino que varían con el paso del tiempo.

Antiguamente, algunas de las formas de conducta sexual recibían el nombre de desviaciones, perversiones o aberraciones . Se aplicaban de forma un tanto arbitraria, dado que el concepto básico en que se sustentaban era la conformidad cultural. Para evitar estos problemas en la medida de lo posible, preferimos hablar de variaciones sexuales y utilizar un término relativamente neutro como es el de parafilia - derivado del griego pará, "cerca de" y de phílein, "amar"- para aludir a lo que solía denominarse "desviaciones".

Parafilias

Las parafilias se caracterizan por ser impulsos sexuales intensos y recurrentes, fantasías o comportamientos que implican objetos, actividades o situaciones poco habituales. Estos trastornos producen malestar clínicamente significativo o deterioro social, laboral o de otras áreas importantes de la actividad del individuo.

Cualquiera de las parafilias consideradas en la siguiente clasificación, necesitan ser tratadas con psicoterapia:

*    Exhibicionismo: exposición de los genitales.

*   Fetichismo: empleo de objetos inanimados.

*   Fetichismo transvestista: vestirse con ropa del sexo contrario.

*   Frotteurismo: roces con personas en contra de su voluntad.

*   Masoquismo: recibir humillaciones o sufrimientos.

*   Pedofilia: interés por los niños en edad prepuberal.

*   Sadismo sexual: infligir humillaciones o sufrimientos.

*   Voyerismo: observación de la actividad sexual de otras personas.

 

 

 

 

 

6.- PLANIFICACIÓN FAMILIAR

¿Qué es la planificación familiar.?

La planificación Familiar es la adopción voluntaria de alguna forma de contracepción. La contracepción sería el conjunto de técnicas utilizadas para controlar la fecundidad de la mujer permitiendo planificar los nacimientos de los hijos en el momento deseado, sin renunciar a una actividad sexual normal.

Planificación Familiar y Contracepción son, por tanto, dos conceptos muy ligados. El principio de la contracepción consiste en evitar que el óvulo, liberado cada mes por la mujer, entre la pubertad y la menopausia, sea fecundado por los espermatozoides liberados durante la relación sexual.

Cada técnica contraceptiva trata de controlar o impedir alguno de los siguientes procesos: la ovulación, penetración de los espermatozoides en los órganos reproductores de la mujer o la nidación del huevo fecundado en el útero o matriz.

¿Qué método elegir?

No hay método contraceptivo que sea perfecto en todo momento y para todas las mujeres. Esto significa que un método puede convenir a una mujer sí y a otra no. La elección del método depende de las circunstancias particulares de cada pareja y la valoración de los factores: eficacia, comodidad e inocuidad, que su ginecólogo revisará detenidamente para saber cuál es el método que más le conviene.

Por último para una buena planificación es muy importante realizar todos y cada uno de los pasos que tu médico te haya recomendado.

 

6.1 ANTICONCEPTIVOS

MÉTODOS NATURALES

Consisten en la determinación de los días del ciclo menstrual durante los cuales se produce la ovulación y por tanto conlleva a un período de fertilidad.

Estos métodos de control de fertilidad basados en la abstinencia de las relaciones sexuales durante esos días, se denominan: Ogino, Temperatura y Billings.

Ogino

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